La Copa del Rey ofrece un nuevo escenario para que el Real Madrid vuelva a centrarse en la competición doméstica con la visita al Albacete Balompié, este miércoles 14 de Enero, a las 21h, en el Estadio Carlos Belmonte. Un rival, el Albacete, que afronta la eliminatoria desde una realidad muy distinta. Tras la derrota en la final de la Supercopa ante el Barcelona y el posterior relevo en el banquillo, con Arbeloa asumiendo el mando de forma interina, el conjunto blanco encara el duelo como una oportunidad para resetear sensaciones y recuperar la estabilidad competitiva en un torneo históricamente esquivo.
El Albacete llega a la cita apoyado en el factor campo y en el carácter imprevisible del fútbol copero, aunque sus números recientes no invitan al optimismo en los pronósticos. El conjunto manchego acumula varios encuentros sin ganar y mantiene dificultades evidentes en ataque, si bien ha mostrado cierta mejoría defensiva en sus últimos compromisos. Para los locales, el partido supone una ocasión única para medirse a uno de los grandes del fútbol europeo y competir sin la presión habitual de la liga.
En clave madridista, el equipo llega golpeado anímicamente por la derrota en la Supercopa, pero con argumentos suficientes para imponer su jerarquía. Pese al cambio de entrenador y a un contexto exigente, el Real Madrid sigue demostrando una notable fiabilidad ofensiva, enlazando partidos con goles y manteniendo una clara tendencia a dominar los encuentros en sus fases iniciales. La amplitud de la plantilla debería permitir introducir rotaciones sin que se resientiera el nivel competitivo, pero tal vez, la plaga de lesiones, obligue a tirar del filial. No es descartable tampoco que Arbeloa salga con todo lo disponible, queriendo probar qué jugadores están más comprometidos con el proyecto.
El choque ante el Albacete se presenta, por tanto, como una prueba de madurez para el Real Madrid en un momento delicado de la temporada. La Copa del Rey exige concentración máxima y respeto al rival, pero también brinda al conjunto blanco la oportunidad de reencontrarse con la victoria y reforzar su confianza. Para una afición acostumbrada a noches grandes, el objetivo es claro: avanzar en la competición y empezar a escribir un nuevo capítulo positivo en el curso.





