Ha llegado el momento. El partido que todos los aficionados españoles llevamos días esperando ya está aquí. España y Argentina se verán las caras en Nueva York por la Copa del Mundo 2026 en una final con aroma a Finalíssima, aunque esta vez no habrá título continental en juego. Habrá algo mucho más grande. La estrella. La gloria eterna. Y una selección española dispuesta a demostrar que ha llegado hasta aquí para ser campeona.
La Furia Roja ha construido su camino con fútbol, personalidad y una idea reconocible. Portugal, Bélgica y Francia fueron cayendo ante un equipo que no ha renunciado a su estilo y que ha sabido competir cuando el Mundial se convirtió en una sucesión de partidos a vida o muerte. El último golpe lo recibió Francia, derrotada por 2-0 en semifinales. España está en la final porque ha sido mejor que sus rivales y porque, una vez más, esta generación ha demostrado que no se arruga cuando llega la hora de la verdad.
Enfrente estará Argentina. La vigente campeona llega con Messi como gran bandera y con la posibilidad de conquistar su cuarto Mundial. Pero también llega envuelta en una polémica que ha acompañado a su recorrido por las eliminatorias. Las decisiones del VAR, el criterio disciplinario y varias actuaciones arbitrales han generado dudas y protestas en distintos partidos del camino argentino. De hecho, el recorrido de la Albiceleste hasta las semifinales fue señalado por la sucesión de controversias arbitrales y decisiones revisadas durante el torneo.
Y para muchos aficionados españoles, el asunto no termina ahí. La semifinal ante Inglaterra volvió a poner el foco sobre el arbitraje, desde la polémica designación de Ismail Elfath hasta las críticas por el diferente criterio mostrado con las tarjetas durante el encuentro. No se trata de quitar méritos a Argentina, pero sí de recordar que la selección de Scaloni ha tenido un camino que, en más de una ocasión, ha dejado demasiadas preguntas sin respuesta.
Ahora, sin embargo, todo eso queda atrás. Porque en Nueva York no habrá excusas. Ni VAR. Ni árbitros. Ni polémicas. Solo España contra Argentina.
Y qué mejor escenario para que esta nueva generación de futbolistas españoles escriban su propia página de oro. Los jóvenes talentos españoles representan el presente y el futuro, mientras que Messi busca posiblemente su último gran capítulo mundialista. La historia enfrenta a dos generaciones, dos estilos y dos selecciones que llegan con una misma obsesión: levantar la Copa.
El historial es equilibrado, con seis victorias para cada equipo y dos empates, aunque el único precedente oficial en un Mundial favorece a Argentina, que ganó 2-1 en Inglaterra 1966. Pero han pasado sesenta años. Demasiado tiempo para que una estadística decida nada.
España ya fue campeona en 2010. Ahora quiere volver a serlo. Y si hay una noche para creer, si hay un partido para confiar en esta generación y si hay un momento para que La Furia Roja vuelva a hacer historia, es este. Nueva York espera. Argentina está enfrente. España, a por la segunda estrella.



