Resaca. Resaca, sí. Tremenda resaca la que nos ha dejado la final de la Supercopa del pasado domingo. Lo primero que debe fijar nuestra atención, sin duda, es la reacción que tenga el Santiago Bernabéu. Me refiero a la afición, claro, aunque no sería de extrañar que el propio Estadio esté cabreado… Bromas aparte, creo que la afición no está precisamente para bromas. Perder 2-5 en un partido contra nuestro máximo rival, sin duda, va a enturbiar el enfrentamiento de Copa contra el Celta. No hay más que ver la reacción en las redes sociales. Ante una situación así, hay que preguntarse qué hará Ancelotti.
Lo lógico sería que revolucionara al equipo. No ya sólo para tranquilizar las aguas, también porque el equipo lo necesita. Y esa revolución debe comenzar por la defensa. Lunin; Asencio, Alaba, Rüdiger, Fran García. Incluso si me apuran, Aguado en el lateral, y Asencio por Alaba. En el centro del campo, Güler por Valverde. Tiene que descansar el 8 del Madrid. Camavinga y Jude. Hay que darle oxígeno a Tchouaméni, que se está convirtiendo en el pim, pam, pum de los aficionados. Arriba, Brahim, Mbappé y Vini.
Nos espera, día 16 a las 21.30h, el Celta de Vigo. Octavos de Final de la Copa de Su Majestad el Rey. En la Liga, el Celta transita duodécimo, con 24 puntos, más cerca de Europa que del descenso. El Real Madrid le debe una alegría a la afición que, aunque no haga olvidar el pésimo partido de la Supercopa, mitigue el agrio sabor de boca que en estos momentos tenemos los aficionados merengues. Hay ruido en la planta noble del Bernabéu. Y muchos madridistas señalando con el pulgar hacia abajo. Carlo, mueve ficha, por Dios.
Pronóstico: 4-0.


